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sábado, 4 de julio de 2009

Tatuaje

tatuaje.

(Del fr. tatouage).

1. m. Acción y efecto de tatuar.




tattoo (DECORATION)

(noun [C] plural tattoos).

1. a permanent image, pattern or word on the skin which is created by using needles to put colours under the skin.




tatouage

(Nom masculin singulier).

1. action de tatouer, de dessiner sur le corps en introduisant des matières colorantes sous la peau au moyen de piqûres.




tatuaggio

(s.m.).

1. disegno indelebile tracciato sulla pelle mediante iniezioni di sostanze coloranti o con altri procedimenti.




No crean que soy políglota, no. Para eso existen Google y los diccionarios en línea (además, intenté buscarlo en alemán, pero me resultó tan enredado y tenía tan poca idea de lo que decía que preferí no pelarme el nance). A lo que me refiero es a que no importa el idioma un tatuaje bien hecho y en el lugar adecuado puede elevar grandemente el sexapil de una persona. ¿No creen?

Me ha venido dando vueltas en la cabeza hacerme uno, pero varias dudas asaltan mi mente:
  1. ¿Qué pasará cuando sea viejo y arrugado como una pasa?, ¿acaso no me vería ridículo?
  2. ¿Cómo hago para sobrellevar mi pánico a las agujas cuando el procedimiento las requiere en todo momento?
  3. ¿Cuál sería el lugar más adecuado para que un mae se haga un diseño?
Cuando haya una contestación apropiada para todas estas interrogantes no dudaré en ir a un centro de tatuado.

domingo, 12 de abril de 2009

Espejito, espejito

Siguiendo con la temáticas de la Semana Mayor, recuerdo aquella parte de la Biblia en la que sale santo Tomás diciendo que si no veía no creía.

He estado pensando últimamente mucho en eso (no tanto en las Santas Escrituras, sino más bien en todo este asunto de ver para creer) y sinceramente estoy sorprendido. Digo, en este mundo actual en el que TODO es pura imagen es difícil abstraerse de dichos paradigmas y hacerse el que ni fu ni fa.

Por eso es que admito sin ambages que soy una persona que se deja llevar por las apariencias. Una amiga dice que por lo general la gente se avergüenza de sus prejuicios, pero que en cambio yo parezco enorgullecerme de ellos. Pero es que bueno, si los demás pasaran por mis experiencias, de seguro serían iguales o peores que yo.

Por ejemplo, el Jueves Santo me tocó ir al trabajo. Como hay tan pocos viajeros en el sentido Palmares-San José los «eficientes» autobuseros de la zona optaron por enviar medio bus cada 36 horas. No me quedó más remedio que tomar la unidad de 8 de la madrugada. Resignado, me levanté temprano, me alisté y me fui a hacer fila antes de las 7:30 a.m. Afortunadamente (obviamente, mejor dicho), no había muchas personas en la cola, pero sí las suficientes como para llenarla. En fin, cuando estaba a punto de montarme, escuché a unos metros de distancia a una mujer pidiendo ayuda para pagar su pasaje. Intenté hacer caso omiso a la circunstancia hasta cuando ella enfrente de mí.

Llevaba uno de estos vestidos de moda amarillos que tanto gustan a las muchachas (estilo ochentero que parecen un camisón y con un «elástico» en la parte inferior lo que los hace abultarse como si fueran «bombachos»). Su peinado era una mezcla entre Amanda Miguel en sus años mozos y puta en cabanga. El rostro (si es que así podia llamársele) curtido como si nunca hubiera sido tocado por el agua. Podré ser grosero, pero no me gusta ningunear a la gente: la miré a los ojos y le negué mi limosna.

Seguí mi camino y me subí. Increíblemente, pese al gentío que iba delante de mí, el bus iba vacío. Tuve el lujo de elegir el puesto que quería. Me acomodé y observé cómo los demás hacían lo propio. De repente, subió mi «amiga» quien al parecer no tuvo inconvenientes para sacar el pase a punta del «menudo» que traía consigo. Vi además cómo cargaba bolsas de plástico con lo que parecía ser su ropa. Fue entonces cuando me percaté que su vestido no era tal, sino más bien una camisa de marca Náutica que le quedaba enorme. Por debajo unos hot pants (o chones de piernas largas) en los que no quise reparar por razones obvias. Sus sandalias y pies estaban sucísimos, pero a ella pareció no importable y los subió en el asiento.

Se abalanzó contra el asiento y se dispuso a dormir. Me olvidé de ella por unos instantes, justo hasta que se levantó de improviso, cogió algunas prendas de la bolsa y se dirigió hacia el chofer. Eso fue suficiente para que mi imaginación echara a volar: la paranoia me invadió y pensé que en su mano o dentro de alguno de los paquetes llevaba un arma. Como yo estaba inmediatamente junto a ella -solo el pasillo nos separaba- y me había negado a darle dinero, sería su primera víctima. De inmediato, saqué mi celular del bulto y casi que tenía marcado el 911.

Para mi fortuna, solamente estaba soñando despierto. Pero fue entonces cuando me invadió la duda: si Jesús se enojó porque santo Tomás no creía sin ver, ¿se enojará también porque yo creo viendo?

sábado, 28 de febrero de 2009

Voy a selte fiel

Fijo ya canso con esto, pero es que me encanta el reggaetón. Si a ello se le suma el sarcasmo y la burla, me encuentro ante un espécimen ideal para mi diversión y entretenimiento.

Un punto extra es que en este vínculo podrán observar talento nacional costarricense, algo que todos los ticos debemos aprender a valorar y a difundir como parte de nuestra herencia cultural. Y aunque su calidad sea debatible (ya sé que este género de música tiene detractores en demasía), no se puede negar que hay mucho ingenio y buen humor en el video.

Dejo acá mi intervención y le doy el pase a Voy a selte fiel.

jueves, 26 de febrero de 2009

Fashion emergency

¡Qué moderno soy, no lo puedo soportar!

La verdad es que soy un mae bastante superficial. Amo la ropa de marca Zara, a pesar de que cuesta un ojo de la cara (según mis estándares financieros) y que es de pésima calidad. Ni menciono el hecho de que utiliza mano de obra infantil esclava portuguesa, porque no tengo el vínculo y me da pereza buscarlo.

El asunto acá es que leía hoy un comentario acerca de la lógica del consumismo y cómo cada vez más nos introduce en un círculo de derroche. Como consecuencia, no solo destruimos el medio ambiente, sino que además el poco espacio verde que dejamos en el ínterin lo llenamos con los desechos de lo que nos sobra.

Luego de un muy pobre razonamiento, concluí que en verdad esa vendría a ser una explicación válida y fehaciente para los artículos de Amancio Ortega, rey indiscutible de los empresarios españoles. Dentro de un mundo paralelo muy apegado a la teoría de la conspiración nos vemos inmersos en una realidad de productos textiles que a todas luces parece ser cool. De seguido, hacemos lo que sea por seguir estos patrones y, 3 meses después, arranca una nueva temporada; botamos nuestras prendas de la estación anterior (ya de por sí desgastadas luego de 2 vueltas en la lavadora) e iniciamos de nuevo el proceso.

Gracias a Dios que existen comentarios como el que señalé, porque así nos percatamos de nuestros errores y procuramos «no caer en la tentación», o –si igual lo hacemos– al menos nos queda la espinita en el fondo del corazón. No vaya a ser que termine uno como «Vicky» Beckham, una sometida de la moda, quien pese a tener más espejos en su casa que la bruja de Blanca Nieves, no tiene reparos en verse cada día más como Emily, la de El cadáver de la novia.

Y si no me lo creen, juzguen por ustedes mismos.